Este segundo post viene con un poco de texto (sorry not sorry). En 2013 escribí una nota para los amigos de Abro Comillas sobre… series. La dejo como apertura del blog, una suerte de intro, si quieren. 
Buenos Aires, lunes 9 am. Un hombre de unos 40 años que viste saco y corbata se sube al colectivo, se sienta y, sin vacilar, saca un iPad de su mochila. Le toma unos segundos acomodarse y y se dispone a darle play al último episodio de Game of Thrones, emitido hace tan sólo unas horas por la señal de cable norteamericana HBO.
Desde hace algunos años, este tipo de imágenes se incorporaron con naturalidad al paisaje urbano. En la última década, las series de televisión se volvieron populares y conquistaron a millones de televidentes en todo el mundo. El aumento exponencial de su consumo -y la variada oferta- implicó una modificación en los modos de apropiarse de estos relatos serializados por parte del público, e influyó en los formatos, tiempos, contenidos y realización de los mismos. Las líneas argumentales se complejizaron; los personajes –sobre todo los protagonistas- son cada vez más antihéroes; la dirección de arte cinematográfica elevó su calidad, y las grandes cadenas de televisión realizan inversiones en megaproducciones, en muchos casos encabezadas por directores reconocidos que se suman a los proyectos.
Las series hoy son el producto más codiciado de los canales y elevaron el nivel de exigencia de calidad de los televidentes, cuestión que no pasó desapercibida para las grandes cadenas de televisión, que apostaron fuertemente a producir sus propias series originales. En Estados Unidos, series históricas como The Sopranos y The Wire (HBO) o exitosas como Lost y Breaking Bad(AMC), iniciaron el camino para que actualmente existan series como Orange is the New Black yHouse of Cards (producciones originales de Netflix), que se distribuyen en todo el mundo y contribuyeron a subir la vara para superproducciones millonarias como Game of Thrones (con un presupuesto de US$ 100 millones para los 10 episodios de la primera temporada).
La experiencia de “mirar una serie” ha cambiado profundamente desde comienzos del 2000 hasta el presente. En vez de esperar a que se emita el programa favorito una vez por semana en  televisión, el público de series tiene actualmente distintas posibilidades de elección. Los modos de acceder a ellas varían según las posibilidades de cada televidente: es posible verlas a través de una señal de cable (HBO, AMC y FX, por nombrar las principales norteamericanas); descargarlas vía Internet –una de las opciones más elegidas, sobre todo en tiempos de piratería-; o bien se puede utilizar el sistema on demand. A como dé lugar, los adictos a las series logran hacerse de los capítulos de sus favoritas para verlos una y otra vez.
La modificación fundamental es que actualmente los televidentes no tienen que elegir entre “lo que hay para ver”; ahora acceden a las series que desean cuando y durante el tiempo que quieran. Lejos quedaron las épocas de la fiebre de las primeras temporadas de series como Lost, cuando había que esperar cierto tiempo hasta poder bajarlas de algún sitio (y esperar los subtítulos), o las maratones especiales que hacían los canales de tv. Hoy es posible ver un capítulo tras otro, sin tener que esperar ni siquiera cinco minutos entre episodio y episodio, hasta con subtítulos en idioma de preferencia. Plataformas como Netflix proveen este servicio on demand (en dónde se abona mensualmente vía tarjeta de crédito y se pueden consumir series y películas a gusto) que revolucionó el mercado: el 1 de febrero de 2013 habilitó online los 13 capítulos completos de la primera temporada de la serie original online House of Cards. Luego, en otra movida arriesgada, hizo lo mismo con la cuarta temporada completa de la comedia Arrested Development -que fuera cancelada hace algunos años en otra cadena-, a la cual se puede acceder ahora a demanda. Y recientemente lanzó otra serie con la misma modalidad: Orange is the New Black. Todos los capítulos a disposición del usuario, de una sola vez.
Entonces, ¿qué es lo que genera esta adicción a los relatos televisivos serializados? Tal vez una clave pueda hallarse en la variedad de temáticas abordadas, en la diversidad de estilos. Drama, comedia, ciencia ficción, musicales, western, terror, fantasía medieval, todos los géneros se ven atravesados por la maquinaria de las series. Las hay para todos los gustos. Con el paso de los años, los guiones se volvieron más ambiciosos, los personajes más elaborados y las historias más atrapantes –con mucho hincapié en el suspenso- lo cual genera en sus seguidores el deseo de continuar viendo el siguiente capítulo al momento de terminar con uno. Los guionistas tienen un desafío: lograr que ese público continúe sujeto a ese programa televisivo y, para ello, cuentan con gran libertad creativa, lo que les permite complejizar las tramas y las estructuras narrativas, y profundizar en el desarrollo de los personajes. Según el Sindicato Americano de Guionistas (Writers Guild of America), gran parte de los 101 mejores guiones de series de televisión se han escrito en los últimos 10 años.
Otro de los atractivos de estos relatos cada vez más estilizados es que cuentan con el respaldo de directores, productores y guionistas de renombre internacional, que suman su experiencia -y también su capital-. Es el caso de Steven Spielberg (productor de varias series, entre ellas, la recientemente estrenada Under the Dome); Martin Scorsese (director en la serie Boardwalk Empire), David Fincher con el drama House of Cards o Aaron Sorkin con The Newsroom. Pero no son los únicos que se han visto atraídos por este producto: actores del mundo hollywoodense han accedido a los principales papeles protágonicos de las series del momento, como Kevin Spacey (House of Cards) y Kevin Bacon (The Following) y hasta han asumido el rol de productores, demostrando que el mercado es muy lucrativo para el mundo de las series.
Las historias basadas en sagas literarias exitosas o de autores reconocidos también se trasladaron a las pantallas chicas, como la adaptación de libros de Stephen King (en la serie Under the Dome) o la saga de Game of Thrones, creada por George R. R. Martin, cuyo vínculo con la serie ha llevado a que el escritor supervise personalmente y adapte para televisión cada episodio. Además, también se desarrollaron videojuegos y juegos de cartas, de rol y de estrategia, como modo de mantener el interés de sus seguidores. Estas series y otras adaptadas de cómics como The Walking Dead generan gran entusiasmo en las presentaciones especiales que realizan en la Comic-Con, la mayor convención de cómics que se lleva adelante actualmente en San Diego, California. Este evento es la plataforma para estrenos y lanzamientos de series de televisión, películas y videojuegos, expandiendo las vías de contacto de las series con sus fans.
Hoy ya no resulta extraño escuchar que alguien “mira varias series al mismo tiempo”, más bien todo lo contrario. Incluso hay aplicaciones y programas que ayudan a organizar la experiencia (por ejemplo, MyTVshows) para consumidores muy activos que lleven una especie de agenda. Hay quienes recurren a la palabra “adicción” para manifestar su vínculo con las series; y es que estos relatos serializados están pensados –y elaborados- para mantener al público cautivo. Al disfrutar de lo que se está viendo se liberan endorfinas, lo cual genera una sensación de bienestar y de necesidad de continuar con más y más capítulos. Y están todos ahí, al alcance de un click.
¿Hacia dónde va este momento de las series televisivas? Las hipótesis abundan. Tal vez hacia relatos cada vez más interactivos, en los que los televidentes puedan elegir al momento mismo del visionado qué historia o a qué personaje seguir. O televisores con pantallas divididas en las que se puedan seguir varias historias en paralelo. Lo que sí es seguro es que el avance tecnológico es cada vez mayor y acompaña –tal vez hasta moldea- estos cambios. Ya no quedamos ajenos a ellos, la experiencia mediatizada nos interpela a todos como usuarios. Y en terreno económico, las productoras más importantes y las grandes cadenas de televisión continúan apostando a la realización de series que, actualmente, son las reinas de la pantalla chica.
Ya sea en el colectivo, camino al trabajo, o en la comodidad del propio hogar, a través de tablets, smartphones, computadoras portátiles o televisores de última generación, las series están allí, en modo silencioso de espera, listas para que un curioso les dé play y comience a vivir la experiencia.  Bienvenidos al universo de las series.
A.C.

Escrito por Alejandra Casal

Seriéfila, comunicadora, viajera, curiosa, y todos los clichés que se te ocurran. A veces apocalíptica, a veces integrada. No le rezo a ningún dios, pero me gustan las iglesias.

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