Un final brillante

PUNTAJE: 7

Esta sexta temporada fue atípica, distinta a cualquier otra y algo de eso era de esperar. En principio fue el primer año que la mítica –y, por cierto, sumamente exitosa- serie televisiva de Game of Thrones se adelantaba a los hechos sucedidos en los libros creados por George R.R. Martin ya que, como muchos saben, el autor de la saga aún no llegó a terminarlos. Entonces, por primera vez, la serie se adelantaba temporalmente a lo que pasaba en los libros.

Pero esta última tanda de 10 episodios fue más que peculiar, y no solo por lo anterior, si no que todo el cinismo y –por decirlo de alguna manera- las sorpresas narrativas que desencadenaban en momentos trágicos, derivaron en la temporada más amigable posible a favor del espectador, que, entre situaciones muy esperadas, otras cuestiones más predecibles, y momentos para el recuerdo, hacen que el de este año sea el tramo más “esperanzador” de la serie.

Esto no significa que Game of Thrones haya decepcionado en su sexta temporada; más bien todo lo contrario. Puede ser que, hasta los dos últimos y brillantes episodios, dirigidos con maestría por Miguel Sapochnik, la serie haya intercalado muy buenos episodios con otros más flojos y hasta algunos para el olvido, pero el desenlace fue realmente algo sublime y totalmente diferente a lo que se acostumbraba en el show de HBO, ya que tanto a nivel visual como narrativo se vieron -hasta el momento- los puntos más altos de esta obra televisiva.

Game Of Thrones es una serie que por más que fuese mejor o peor a lo largo de todas sus temporadas, siempre mantuvo en vilo al espectador, con gran ansiedad y expectativa por el qué pasará, más que nada debido a que tanto su universo como sus personajes son realmente asombrosos. Pero si hay algo que distinguió a la serie es que acá no hay buenos ni malos, sino supervivientes que se tendrán que preparar para lo peor, que es lo que está por venir, lo cual terminan de insinuar en estos últimos episodios. Las fichas del juego se fueron acomodando, ya queda poco, pero –así y todo- lo peor está por venir y no todos son conscientes de eso.

Más allá de lo amable de ciertos hechos, lo tan esperado de tantos otros y por qué no la confirmación de ciertas teorías que pululaban hace años, hay que decir –una vez más- que el final de esta temporada –o al menos los dos últimos episodios- fueron de una factoría brillante. En principio se logró una tensión y adrenalina pocas veces vista en la serie, hasta llegar a un momento en que no importaba lo que estaba por suceder sino antes el cómo. Los episodios de Sapochnik le dieron otros aires a la serie, una estética cinematográfica como nunca antes, y un relato de suspense apoyado tanto en el montaje, la música y en aciertos de guion muy calculados.

Esta fue una temporada hecha para los fanáticos, los cuales por primera vez no tenían la certeza de lo que iba a ocurrir, y fueron episodios que como nunca antes acomodaron las fichas del juego; entre apariciones, redenciones, muertes y alianzas, impulsaron un desenlace brillante que deja una ansiedad difícil de asimilar hasta que la serie vuelva el año que viene. Lo que sí se sabe es que Game of Thrones se puso más interesante que nunca y lo que está por venir puede llegar a ser realmente apasionante. Al fin llegó el invierno.

Escrito por Tomás Maito

Crítico de cine y series. Periodista. Escribo y hago radio. Un día cumplí mi sueño y lo conocí a Woody Allen.

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