Ni revolucionaria, ni algo novedoso;  una historia sin demasiada gracia ni tampoco el peso dramático fundamental para generar una huella en el público. Cuando se busca explicar a Looking, la serie LGBT producida por HBO, solo una palabra viene a la mente: necesaria.

En palabras de Michael Lombardo, el abiertamente gay ex CEO de HBO, era “un orgullo” que una historia con protagonistas homosexuales no fuera puesta en un exclusivo “modo de comedia” y que fuera contada “abiertamente y con honestidad”. Lombardo comentó esto el año pasado, cuando debido a los bajos ratings, las tibias críticas, y el poco interés generado en cuanto a premios, la cadena decidió cancelar la serie luego de solo dos temporadas. Pero quedaban historias inconclusas, entonces, a pedido de la pequeña pero sólida base de fanáticos, esas historias recibieron su final en “Looking: The Movie”, un híbrido entre película y final de temporada de una y hora y media, estrenada hace algunos días por HBO.

Aclaración personal: apenas fue estrenada la serie, la odiaba; no la sentía cercana, no tenía personajes queribles, no reproducía música que yo escuchara, y Patrick (Jonathan Groff), su protagonista, me parecía de lo más insoportable. No hablo de insoportable a nivel “antihéroe modelo Lena Dunham en Girls que terminás queriendo”, sino más bien a un nivel “en la vida real a este tipo lo detestaría mucho”. Además se encontraba en un triángulo amoroso entre un mexicano llamado Richie (Raul Castillo) y su jefe británico llamado Kevin (Russel Tovey); una especie de Crepúsculo homosexual que no atrapaba y decepcionaba bastante, teniendo en cuenta lo mucho que me había gustado “Weekend” (2011), la brillante segunda película dirigida por Andrew Haigh, creador, productor y director de Looking. Con el correr de los capítulos, comencé a reconocer algunas actitudes familiares en los personajes y, en el medio del hatewatching, asimilar la trama sin esperar destornillarme de risa ni una “versión de Girls para gays”. Para la segunda temporada, ya estaba decidiendo si era #TeamRichie o #TeamKevin.

HBO - Looking the movie - Hablemos de Series 2

Tanto la serie como la película final tuvieron sus fallas: que los personajes digan sus líneas con la boca llena de comida EN AL MENOS UNA ESCENA DE CADA EPISODIO no los convierte automáticamente en seres carismáticos; fallas técnicas; clichés (la escena bailando Erasure en el boliche, el fantasma de “decírselo a los padres”, la mejor amiga feucha y graciosa); San Francisco, la avenida Castro y, lamentablemente, la intención de romper estereotipos sin lograrlo. Patrick es fanático de los videojuegos y trabaja diseñándolos, pero en su casa jamás juega con una consola. Dom (Murray Bartlett) juega al rugby pero lo hace en un equipo de rugby gay; Richie al parecer toca el bajo y escucha rock, hasta que entona una canción de Maná de la manera más mexicana posible.

Los aciertos, en cambio, surgieron al no querer romper nada y tratar de retratar dilemas humanos en la actualidad, en el “right now”: la noche de sábado en pareja tranquilamente puede implicar ver series en una laptop en vez de salir; que Grindr esté instalado en un celular puede funcionar como una escapatoria a los problemas tanto como un imán a los mismos; las relaciones efímeras, el HIV, el sexo gráfico y detallado, las amistades codependientes y la eterna búsqueda del amor detrás de los filtros de Instagram. O, como funciona como motor para Patrick en la película, la legalidad del matrimonio entre personas del mismo sexo, noticia que lamentablemente ocurrió con la serie cancelada y que sin dudas no podía faltar en este final.

En “Looking: The Movie”, las historias se cierran de manera satisfactoria, quizás maltratando un poco la trama de Dom y su amiga Doris (Lauren Weedman, el único personaje digno de aplausos) o menospreciando el potencial de Kevin. Patrick sigue insoportable, pero parece que al menos le perdió el miedo a contraer enfermedades de transmisión sexual. Algo es algo.

La hermosa estética que acompañó a la serie está presente en este final, junto a referencias a hechos anteriores que realmente no aportan mucho ni eran solicitados por nadie. Solo necesitábamos saber cómo terminaba todo.  A los fans nos urgía una última oportunidad de criticarla y nos la dieron, un último alarido de hate-watching adornado por los cartelitos de neón del logo y de la Avenida Castro.

Lo que realmente sería bienvenido es algo que solo logran ciertos aspectos de “Transparent” o la serie australiana “Please, Like Me”, actualmente muy por debajo del radar: una historia relevante, actual y ocurrente donde los protagonistas sean varones homosexuales. Y es necesario que nos dé orgullo recomendarla.


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Escrito por Axel Hildemar Fritzler

Locutor (ISER), Periodista (UNSAM), Fanático (Game of Thrones). Columnista de cine ocasional, conductor de podcasts accidentales y entusiasta de series diversas.

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