La resaca de aquella gran miniserie

Black Mirror es una de las miniseries más importantes de los últimos tiempos, una producción británica que expone diversas historias -sin relacionarse entre sí- salvo la temática en común acerca de cómo la tecnología puede afectar en la vida de los seres humanos. Tras dos temporadas de tres episodios cada una, y un especial de Navidad a fines de 2014, la creación de Charlie Brooker vuelve a la pantalla, solo que en esta oportunidad con seis nuevos capítulos, y esta vez como una producción original de Netflix.

Luego del paso de la BBC a la plataforma digital, esta tercera temporada es de un nivel inferior a sus antecesoras. En la mayoría de los episodios ya no encontramos la oscuridad y aquella asfixiante sensación que hacía que ciertas historias fueran sumamente perturbadoras.

Con esta nueva entrega de seis episodios se pierde tanto la esencia como la profundidad y el factor sorpresa que tenían las historias de las temporadas anteriores, y la mayoría resultan un tanto densas, predecibles y muy básicas en su desarrollo narrativo.

Parece haber quedado atrás la genialidad de episodios brillantes como “The National Anthem” o “Be Right Back”, ya que con esta tercera entrega a cargo de Netflix todo resulta más convencional y escaso de ideas. La adrenalina y el encanto bizarro de los años anteriores es ocupado por historias intrascendentes como “Nosedive”, “Playtest” y “Men Against Fire”, las cuales carecen tanto de ingenio como de dinámica narrativa.

Aunque resulta contraproducente en una temporada de episodios un tanto tediosos, justamente el que se destaca entre todos es el más largo, que es “Hated in the Nation”, el cual a pesar de no tener nada en especial redondea un policial bastante bien logrado. El otro episodio interesante es “San Junipero”, una historia de amor simple en tiempos futuristas que es bastante agradable y la más amable de la serie en general. Por otro lado, “Shut Up and Dance” resulta un thriller aceptable, pero que tampoco tiene la importancia suficiente como para mejorar el desencanto que genera esta tercera entrega.

A pesar de tener algunos episodios correctos, esta tercera temporada de Black Mirror baja muchísimo el nivel de esta clásica miniserie británica, la cual parece haber perdido su sello característico con historias inferiores a las presentadas por la BBC algunos años atrás. El que era uno de los regresos más esperados del año, finalmente, decepciona bastante. 



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Escrito por Tomás Maito

Crítico de cine y series. Periodista. Escribo y hago radio. Un día cumplí mi sueño y lo conocí a Woody Allen.

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