El regreso del hijo no pródigo 


Se dice que nunca una secuela supera a la original, pero el caso de la saga Evil Dead demuestra lo opuesto. La primera película de 1981 es una obra de culto del horror. Un película gore filmada con bajo presupuesto que sorprendió al público. Su secuela de 1987, en realidad, es una remake de la original hecha con mayor presupuesto y más conscientemente humorística. La trilogía Evil Dead-Diabólico cerró con El ejército de las tinieblas, en la que Ash –Bruce Campbell- viajaba al medioevo para terminar su lucha con el Necronomicón y sus criaturas diabólicas. Con cada entrega, Sam Raimi se superó y la trasposición televisiva sigue el mismo patrón.


La primera temporada de Ash Vs. Evil Dead se encargaba de revalorar los efectos más tradicionales y el clase B, pero más allá del gore, el humor y la fidelidad con el material original no deparaba demasiadas sorpresas narrativas ni se arriesgaba a traspasar los límites que la saga cinematográfica había hecho entre los ´80 y los ´90. Más bien, estaba probando el terreno.

En esta segunda temporada, los 10 capítulos de media hora parecieron 20. La creatividad del equipo de guionistas quedó en evidencia, así como la libertad para hacer cualquier cosa, y eso sin duda benefició a la serie que gozó de frescura, humor, terror y grotesco.

Al final de la temporada pasada, Ash, Pablo –Ray Santiago- y Kelly –Dana DeLorenzo- hicieron un pacto con Ruby –Lucy Lawless- en el que le devolvían el Necronomicón a cambio de que los deje vivir en paz. Nada sale bien de un pacto con el demonio y Pablo y Kelly lo suponían.

En el comienzo de este segundo año, Ruby es perseguida por sus “hijos” que desean el control de “el libro de los muertos” y traer a su padre para que domine la Tierra. Ruby esconde el Necronomicón y le pide ayuda a la única persona que ha sobrevivido al Evil Dead: Ash. El viaje lo lleva al protagonista a su pueblo natal, de dónde se tuvo que escapar dado que lo acusan de haber asesinado a su novia y su hermana. El reencuentro con su padre, mujeriego y alcohólico –interpretado por Lee “Hombre biónico” Majors- no le hará las cosas más fáciles. La temática de relaciones paterno-filiales será una subtrama que sobrevolará toda la temporada.


Sam Raimi y equipo definen desde un comienzo que esta temporada es más sanguinaria que la anterior, pero el humor negro aplasta cualquier atisbo de sentimentalismo. Los realizadores llevan cada situación al absurdo sin temor de caer en lo escatológico. El extremo es el segundo episodio, “La morgue”, que tuvo la escena más ridícula vista en televisión en mucho tiempo: Ash luchando desde el interior de un cadáver. Para vencer al monstruo de turno, el protagonista tuvo que meter su cabeza en el ano de un muerto y usarlo como casco ante la amenaza.

Si bien fue difícil superar insana imagen, el resto de la temporada no decepcionó. Tuvo tres finales concretos durante la marcha, a los que les siguió alguna vuelta de tuerca inesperada: un segundo giro que bien podría haber sido un final. Pero nuevamente los guionistas tenían otros planes, más vinculados al universo de la saga.

Es realmente satisfactorio ver detalles que hacen referencia a los films sin que por esto, aquel que no los haya visto, se sienta afuera de la saga. Aún cuando hay flashbacks que ayudan a completar el pasado del protagonista, la serie tiene su propia lógica e independencia.


El final de la segunda temporada superó las expectativas y redondeó todo lo acontecido. Reaparecieron la mayoría de los personajes que brindaron respiro a los protagonistas –Baal, el padre de Ash, una ex novia y Chet, mejor amigo de Ash, interpretado por Ted Raimi, actor habitué de todo lo que haga Sam– y cada hueco narrativo tuvo su cierre. Casi imposibilitando imaginar como podría continuar una tercera temporada.
Pero las buenas series siempre tienen un cliffhanger…

En conclusión: cuando los guiones mejoran, el producto mejora. Ash como personaje sigue representando una crítica al estadounidense promedio, pero también demuestra un buen corazón y algo de ingenio detrás de su brutalidad. Y Ash Vs. Evil Dead no es ni más ni menos que un reflejo de su protagonista: una serie autoconcientemente brutal, en apariencia básica y tonta, pero divertida, sarcástica, que nunca esconde su artificio y absurdo. Y detrás de todo, hay bastante ingenio.

¡Qué viva el gore! ¡Qué viva “el jefe” Ash! ¡Qué viva Evil Dead!

Escrito por Rodolfo Weisskirch

Amante del cine y las series. Pocos prejuicios. No sigo tendencias ni modas. Miro lo que me interesa y lo que me da curiosidad.

1 comentario

  1. se nota la buena mano y el cariño que le meten a la serie, ya sea desde la historia , con los guiños trayendo a los actores originales de evil dead que acompañan a bruce, Siempre cumple, dentro de las series que he visto estos años , esta y la de flash nunca decayeron en su calidad.

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