Simplemente una obra maestra

PUNTAJE: 10

El regreso de Twin Peaks era uno de los momentos más esperados de la televisión estadounidense. Luego de 25 años de aquellas míticas dos primeras temporadas y la posterior Fire Walk with Me (la película de 1992), la serie de culto creada por David Lynch y Mark Frost volvió de manera brillante con 18 episodios que quedaran para el recuerdo.

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Hay un antes y un después del estreno original de Twin Peaks, una de esas obras bisagra que cambiaron la TV para siempre, no solo por estar detrás un director consagrado en el universo del cine como Lynch, sino que a través de aspectos visuales y narrativos pocas veces vistos en tal formato lograron una historia única. Es brillante como entre el misterioso asesinato de una adolescente, diversos hechos sobrenaturales y una atrapante especie de telenovela en torno a interesantes personajes de un pequeño pueblo se fue construyendo un relato apasionante.

La primer temporada era una verdadera maravilla y la segunda –a pesar de ciertos altibajos- resultaba más que destacada para concluir con un desenlace impactante. Los rumores de una tercera entrega fueron varios a lo largo de los últimos años, pero con la vuelta de la serie al fin, y con la dirección de Lynch en todos los episodios, se pudo ver un desarrollo mucho más complejo, que nunca dejó de sorprender a lo largo de la semanas.

El regreso de Twin Peaks es tan vibrante como encantador, y probablemente sea lo más experimental que se haya visto en la historia de la televisión. La serie también se encuentra con un Lynch sumamente maduro, por lo que esta tercera temporada está más cerca de films como Mulholland Dr. e INLAND EMPIRE y resulta muchísimo más compleja que las entregas iniciales. A lo largo de los episodios siempre se da esa sensación de que todo puede ser posible y sus fines tan vanguardistas como delirantes no solo hacen recordar al cine del galardonado realizador, sino también al de Luis Buñuel y Kenneth Anger, y a su vez a las obras plásticas de René Magritte y Francis Bacon y a la literatura de Franz Kafka.

Pero -a todo esto- no es que Twin Peaks sea audiovisualmente abstracta o una rareza para unos pocos, ya que a pesar de lo enredada de su narrativa y lo poco convencional a nivel visual, la serie siempre expone una historia atractiva y -en gran parte- es gracias a sus excelentes personajes. Si hay algo excelente en esta nueva entrega es todo lo que gira entorno a su protagonista Dale Cooper y a la destacada actuación de Kyle MacLachlan. Es genial como Lynch construye el camino de la obra en torno al desdoblamiento del recordado agente especial del FBI, desde su costado siniestro como encarnación del mal hasta el entrañable Dougie Jones, un personaje de pocas palabras y constituido en base al humor físico que -por momentos- hizo recordar al inolvidable Mr. Hulot de las películas de Jacques Tati. Por otro lado, todo el elenco es superlativo, no solo con la vuelta de la mayoría de los actores originales de la serie, sino con destacadas participaciones de figuras como Naomi Watts, Laura Dern, Amanda Seyfried y Harry Dean Stanton.

Otro tópico que hizo de esta temporada algo único fue su emparentamiento con el mundo de la música. Al igual que grandes directores como Aki Kaurismäki y Win Wenders, Lynch es un maestro para exponer músicos en vivo de forma satelital en sus narraciones y a su vez hacer de estos parte fundamental de la diégesis. Por nombrar solo algunos, se pudieron ver performances en vivo de Eddie Vedder, Nine Inch Nails, Chromatics y Sharon van Etten, dándole un agregado más que particular a la serie, y también mostrando el amor del realizador por los distintos artistas, desde su influencia en cada escena hasta la elegancia en que ciertos actos son documentados. Obvio, tampoco faltó el homenaje a David Bowie, el recordado agente Phillip Jeffries en Fire Walk with Me.

Pero si hay algo realmente rupturista de Twin Peaks es en relación a la forma de consumir series de TV en estos tiempos y en su capacidad de (casi) eliminar la tendencia al spoiler. Por ejemplo, shows como Game of Thrones o The Walking Dead provocan todo tipo de controversias en las redes sociales a lo largo y luego de la transmisión de cada episodio, en cambio esta producción de Showtime resultó siempre tan compleja, impredecible y de múltiples interpretaciones que cualquier motivo que se pudiese filtrar públicamente resultaba inofensivo. Con esta creación de Lynch y Frost lo que siempre prevaleció fue la experiencia de ver el capítulo y esa hermosa sensación de incursionar en ese bello mundo de sueños y realidades paralelas que podía resultar sumamente diverso para cada espectador.

Twin Peaks es amor por la ficción, la TV, el cine y esa magia de crear y exponer universos tan fantásticos como reales en dónde todo es encantador. Es la entrega culmine de una serie de culto que se transformó en una obra maestra sin precedentes y que la ubica como lo mejor que se haya visto en la televisión a lo largo de este año.


Leé más reseñas sobre series acá.

Escrito por Tomás Maito

Crítico de cine y series. Periodista. Escribo y hago radio. Un día cumplí mi sueño y lo conocí a Woody Allen.

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