Y el mundo sigue girando…

PUNTAJE: 5

Y llegó el final. The Strain, la serie inspirada en la saga literaria Trilogía de la oscuridad, y escrita por Guillermo del Toro y Chuck Hogan concluyó su cuarta y última temporada.

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El arco narrativo cerró con el esperado desenlace de los enfrentamientos padre-hijo que fueron el núcleo temático de las cuatro temporadas. Escrito por Carlton Cuse – un supuesto especialista en finales – y el cocreador Chuck Hogan, el último capítulo estuvo ausente de la emoción necesaria para concluir una serie que tuvo dos entregas de gran nivel humano –la segunda y la tercera– pero a la que le faltó corazón en este cuarto año. Casi como si se tratara de una asignatura pendiente que hay que sacarse rápido de encima.

Lo más interesante de esta temporada pasó por reconstruir el pasado Mr. Quinlan, el Nacido, hijo casi natural de El maestro y una humana. La odisea del personaje para destruir a su padre -y por ende destruirse él mismo- llega a su final, pero en el medio nos enteramos que en el siglo XIX, Quinlan conoció el amor y casi se convirtió en padre de familia.

El resto de la temporada fue de una surrealidad poco convincente. El Maestro tiene dominada New York y parte de Estados Unidos, habiendo construido un régimen dictatorial, en donde solo sobreviven aquellos que le dan su cuota de sangre a los strigoi. El Maestro es una especie de Gran Hermano que vigila a toda la población humana que vive en una New York convertida en un guetto gigante.

Junto al fiel Eichorst y el señor Sanjai, El Maestro planea un holocausto humano, creando fábricas similares a campos de exterminio nazis para terminar con todo ser vivo. Ya el primer episodio tuvo un nivel visual extraño y poca tensión. Si bien este futuro distópico es interesante, el desarrollo del capítulo fue bastante denso. Los siguientes cinco episodios también fueron decepcionantes. Si bien mejoran un poco con respecto al primero, se nota una ausencia de ideas visuales y narrativas, como si tuvieran que meter relleno hasta llegar al final.

El grupo de héroes está dividido. Por un lado Fet y Quinlan, junto con una banda de soldados rebeldes, buscan una nueva bomba atómica para atacar New York. Por otro, Dutch tiene que sobrevivir en una sospechosa clínica de maternidad. Por último, Ephraim sigue buscando una cura para la peste, mientras intenta conocer el paradero de su hijo Zack, que está cada vez más influenciado por Eichorst y El Maestro, quiénes lo ponen a prueba constantemente, convirtiéndolo en un ser creído y sin moral, capaz de matar y no tener conciencia de ello. Y también esta Gus, quién ahora integra una banda de mercenarios independientes, pero al que los guionistas le dan poca inferencia hasta los últimos episodios.

A partir del capítulo 6, empieza a levantar el nivel, y esto se debe a que comienza tener más participación Setrakian, quién estuvo dormido la mayor parte de la temporada. Sin embargo, es poco lo que esta vez el asesino de Strigoi tiene para aportar. Por un lado logra descifrar el significado del libro al que tanto le teme El Maestro, pero por otro debe sacrificar su vida.

El episodio 8, acaso el más emotivo de la temporada tiene el enfrentamiento final entre Setrakian, quién termina sucumbiendo ante su personal archienemigo Eichorst, pero antes de morir lo envenena y le corta la cabeza. Quizás un final demasiado anticipado, pero que da pie a la lucha final entre Quinlan y El Maestro, en el capítulo diez, donde el padre vence al hijo, y sin embargo al quedar herido mortalmente decide pasarle sus gusanos a Ephraim, quién está a punto de sacrificarse implosionando con la bomba nuclear y exterminando a El Maestro y el resto de su ejército de Strigoi.

Sin embargo, cuando Ephraim toma el cuerpo de El maestro, queda en Zack tomar conciencia de todo el mal que ha provocado –fue quién pulsó el botón de la anterior bomba y mató a una empleada doméstica solamente porque no le respondió sentimentalmente- y en un gesto de reconciliación, se sacrifica y se suicida junto a su padre, destruyendo a El Maestro y sus discípulos.

En una temporada a la que le faltó riesgo, la decisión de Cuse y Hogan de matar al personaje adolescente de la serie y su protagonista es aplaudible. Así también el hecho de dejar vivos a representantes de minorías sociales, rompe con todos los clisés de la series estadounidenses. Una decisión políticamente correcta que se enfrenta a la ideología del gobierno de Trump.

Salvo destellos de creatividad, a esta última entrega de The Strain le faltó la intensidad, pasión y corazón de las anteriores. La narración fluyó por lugares comunes, algunas situaciones forzadas y poca imaginación a la hora de mostrar la ambigüedad de sus personajes. Ni hablar del poco riesgo visual y estético. Quizás habría sido mejor darle cinco capítulos más a la tercera temporada y no extenderse a una más, cuyo único fin fue alargar innecesariamente, un final anunciado y previsible.


Leé más reseñas sobre series acá.


Leé nuestra entrevista a Mia Maestro, actriz de The Strain, acá.

 

Escrito por Rodolfo Weisskirch

Amante del cine y las series. Pocos prejuicios. No sigo tendencias ni modas. Miro lo que me interesa y lo que me da curiosidad.

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