Peligro, peligro Will Robinson

PUNTAJE: 6

Netflix estrenó Lost in Space, la remake de las clásicas aventuras de la Familia Robinson en el espacio. Molly Parker –House of Cards– y Toby Stephens –Black Sails– encabezan el elenco de una serie de 10 capítulos que se mantiene fiel, en esencia, a la creación de Irvin Allen medio siglo atrás.

Lost-in-Space-poster

Se dice que vivimos en “la edad de oro” de la televisión. Pero lo cierto es que la mayoría de las producciones que se pueden encontrar por cable o las plataformas streaming están bastante alejadas de la originalidad que debería integrar una época con estas características. Más bien, vivimos en una era de reciclado. Y no ecológico, sino de ideas. Lo que más abundan son remakes, secuelas, spin off, adaptaciones literales y fusiones de múltiples materiales que conectan al espectador con su crianza cinéfila o seriéfila.

La originalidad se volvió una excepción. El reciclado, regla. Se mira el pasado para construir un presente. O deconstruir. La experimentación narrativa se basa en la creatividad de un equipo de guionistas en darle una vuelta de tuerca a producciones que pueden tener 10, 20 o hasta 50 años de vida. Y ese es el caso de Lost in Space, que es una fusión entre los personajes creados por Allen en la década del 60 y series de supervivencia distópicas como Revolution… o Lost.

Vale mencionar que Allen fue un verdadero pionero de la ciencia ficción en la televisión estadounidense: fue el creador de El túnel del tiempo, Tierra de gigantes, Viaje al fondo del mar y Perdidos en el espacio. Influido, obviamente, por la literatura de fines del siglo XX como Julio Verne o H.G. Wells, creó aventuras, cuyos guiones buscaban explorar nuevos universos e innovar con sus efectos visuales primitivos.

Hoy en día, la narrativa y los efectos de Allen quedaron un poco anticuados, pero Matt Sazama y Burk Sharpless –cuyos antecedentes en el terreno cinematográfico no son demasiado auspiciosos- le encuentran la vuelta al producto para redondear un material correcto, atrapante y entretenido. No mucho más.

La familia Robinson debe abandonar la Tierra junto con numerosas familias debido a que el planeta está muriendo como consecuencia de un meteorito que cayó en medio de Navidad. La tecnología evolucionó y varios colonos encontraron un nuevo hogar en el planeta Alfa Centauro. Sin embargo, un sorpresivo ataque extraterrestre en medio del espacio a la nave madre, produce como consecuencia que los Robinson aterricen accidentalmente en un planeta desconocido.

Esta premisa básica es el pie para conocer a los principales personajes. Maureen (Molly Parker), ingeniera espacial y precursora del proyecto colonizador que su principal preocupación es la supervivencia de sus tres hijos; John (Toby Stephens), un militar que abandonó durante muchos años a su familia e intenta reconstruir la relación con su esposa y críos; Judy (Taylor Russell) la hija mayor de la pareja, la doctora de la familia; Penny (Mina Sundwall) la adolescente descubriendo su identidad en medio de un clima de supervivencia; y el pequeño Will (Maxwell Jenkins), pieza clave, ya que bastante del peso dramático de la serie cae sobre sus hombros, al igual que la serie original.

Poco a poco, los Robinson descubrirán que no están solos en el planeta y aparecerán tres personajes fundamentales. En primer lugar, el mecánico Don West –el argentino Ignacio Serricchio- un mercenario que busca su propio lugar y aún no llegado a explotar como personaje; la doctora Smith –la maravillosa Parker Posey- la villana de la serie, un personaje ambiguo que va a manipular y engañar a los protagonistas para conseguir sus propias metas, y principalmente el Robot -Brian Steele- que se convierte en una pieza narrativa fundamental tanto para la supervivencia como la destrucción de los humanos.

La serie tarda un poco en despegar. El primer episodio intercala presente de la familia estancada en el nuevo planeta y flashbacks que exhiben el pasado de cada integrante. Al mejor estilo Lost, aquello que era un conflicto en la Tierra, se vuelve una fortaleza en el nuevo planeta. El concepto de la crisis y el apocalipsis como forma de redención del núcleo familiar es bastante anticuado, pero básicamente se trata de una serie conservadora, que apuesta a la concepción de la familia típica y multiétnica como modelo de supervivencia.

La solitaria Doctora Smith, sin embargo, es el enemigo. Un personaje egocéntrico que era criminal en la Tierra y seguirá siéndolo en el espacio porque su preocupación pasa solo por su propia supervivencia. No hay demasiado matices en los personajes. Cometen errores, son inocentes, pero desean aprender y redimirse. Por eso mismo, el personaje con mayor construcción y misterio termina siendo el Robot, acaso el personaje que más trascendió también como ícono cultural. Recordemos que “Robby” arrancó como villano de la película El planeta olvidado y con Perdidos en el espacio pasó a tener su propia serie.

Este personaje será el comodín que tendrán por un lado los Robinson –a través de Will- y la doctora Smith para cambiar los planes de supervivencia, no solo de la familia, sino también del resto de los humanos que irán apareciendo con el transcurso de los capítulos.

Plagada de clisés y lugares comunes, el fuerte de la serie no se encuentra tanto en el aspecto narrativo sino más bien en el cliffhanger de cada episodio. A partir del segundo capítulo, la serie se empieza a volver bastante adictiva y entretenida. Hay previsibles encuentros románticos, cómic relief –el canchero West- y enfrentamientos por el poder de la comunidad. A medida que pasan los episodios la influencia de la serie creada por Carlton Cuse, Damon Lindelof y J.J. Abrams se vuelve más evidente.

Al igual que Lost, el ingenio que no estaba puesta en los guiones se pone en las escenas de acción y aventura, pero sin la pretensión filosófica de dicha serie. Acá el núcleo dramático compone la reconciliación de las fallas de cada integrante en el pasado, y la recomposición de una sociedad con valores “tradicionales”. La religión, la filosofía y la política, por el momento se encuentran fuera de los conflictos de la serie.

Lost in Space es simplemente un entretenimiento menor, bien concebido narrativamente –plagada de guiños para los amantes de la serie original- pero sin demasiado ideas. Los intérpretes cumplen con su rol –se destacan Parker Posey y el joven Maxwell Jenkins- sin demasiada estridencia y los efectos especiales están suficientemente cuidados para apoyar la narración. La relación CGI, actores y fondos se acoplan de manera verosímil para que el ojo del espectador no se distraiga demasiado de la narración. Habrá monstruos y diversas amenazas –con influencias de El mundo perdido, de Spielberg- pero ninguna tan peligrosa como la presencia de Smith y el Robot.

El final de la serie presenta algunas vueltas de tuerca forzadas y demasiados deus ex machina que le restan impacto a los sucesos, buscando la sorpresa efectiva con poco ingenio. Más allá de esto, Lost in Space se deja ver. Entretiene sin demasiadas pretensiones, aunque con guiones un poco más arriesgados y jugados podría despegar definitivamente en una segunda temporada. Solo se trata de apartarse un poco de la fórmula, los estereotipos y las opciones seguras para dejar volar la imaginación hacia nuevos universos. Así lo hubiese deseado Allen.


Leé más reseñas sobre series acá.

 

Escrito por Rodolfo Weisskirch

Amante del cine y las series. Pocos prejuicios. No sigo tendencias ni modas. Miro lo que me interesa y lo que me da curiosidad.

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