Una familia moderna en la Edad Media

PUNTAJE: 7

Cuando un joven artista encuentra una mina de oro de la nada, lo más común es que a la hora de hacer un segundo trabajo desee reproducir o duplicar el éxito de esa mina de oro. A los 33 años, a Matt Groening, un dibujante y guionista de historietas adultas de diarios y revistas, le surgió la posibilidad de tener un segmento animado en el programa de la comediante Tracy Ullmann. Se le ocurrió crear una sátira de una típica familia de clase media estadounidense. Personajes deformados, inspirados en su propia familia, de piel amarilla -porque no tenía un color que se asemeje a la tez caucásica- fueron los protagonistas de este breve sketch que se convertiría con el paso de los años en una de las series más exitosas de todos los tiempos a nivel mundial. Más de 30 años de existencia confirman a Los Simpson como un fenómeno cultural sin precedentes.

Groening, que se alejó hace más de una década de la serie, bien podría haber colgado el lápiz y los pinceles y haberse retirado a los 50 años a tener una vida tranquila, pero en cambio decidió seguir creando. Y para su segunda creación en diez años -técnicamente, Groening, previo a Los Simpson ya había hecho otra serie animada en blanco y negro llamada Life in Hell– se le ocurrió abandonar el presente, y cierto realismo, para abocarse a la ciencia ficción definitiva e imaginar a la sociedad estadounidense mil años en el futuro.

Futurama – 1999 – no fue el éxito que mucho esperaban. El humor ácido y la estética estaban presentes, pero el público esperaba una segunda familia amarilla -como lo que hizo Seth MacFarlane con American Dad y The Clevelands después de Padre de familia- y en cambio se encontraron con otro tipo de familia. Una más despareja, tierna a su modo, pero más creativa. Futurama tiene verdaderos detalles de autor. Es mucho más irónica que Los Simpson con respecto a la crítica hacia la cultura estadounidense, pero a la vez, los lazos son más creíbles. Fry y Leela son seres con mayores sentimientos que cualquier personaje surgido de Springfield. Futurama duró 7 temporadas – desde 1999 hasta 2013, pero con un bache de siete años entre 2003 y 2010- porque tuvo un público fiel que encontró el alma de Groening en el espacio, en el lugar que quedó vacío después de las primeras 12 mejores temporadas de Los Simpson.

Al finalizar Futurama, muchos se preguntaron que haría Groening ahora. ¿Volvería a Los Simpson, colgaría los guantes definitivamente o intentaría seguir adelante con una nueva creación? La respuesta la obtuvo en Netflix que le presentó un nuevo desafío en su carrera: crear una serie con una historia que tuviese evolución progresiva a lo largo de 10 episodios de media hora que saldrían al aire todos al mismo tiempo.

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Disenchantment es el resultado de aquel desafío. Y Groening decidió no reproducir el éxito de la serie que le dio un nombre en la televisión. Por el contrario, en una medida arriesgada, prefirió seguir el tono de Futurama y alejarse todavía más de la familia amarilla. La historia sucede en el medioevo, una Edad Media fantástica, de cuento de hadas, dónde conviven caballeros, reyes, princesas, hadas, elfos y otros seres extraordinarios. Inspirándose en los cuentos de los hermanos Grimm, la mitología griega – Homero siempre está presente en Groening – la literatura de Tolkien y algo de Game of Thrones, Matt nos presenta a Bean, una princesa rebelde del reino de Dreamland, quien el día de su boda prefiere pasarlo bebiendo cerveza en la taberna del pueblo y jugando dardos con los borrachos. A Bean la suerte no la acompaña. Su padre, el rey Zog, la obliga a casarse con un príncipe bastante tonto de un pueblo vecino. Tras una serie de accidentes, termina escapando del reino con un elfo… llamado Elfo, que también está cansado de vivir bajo los alegres estatutos de su comunidad. Elfo quiere conocer el peligro y la aventura. Bean y Elfo se convierten en grandes compañeros de aventuras, y a ellos pronto se les suma Luci, un demonio enviado por una misteriosa pareja de hechiceros, para que funcione como la mala conciencia de Bean. Sin embargo, pronto Luci tomará autonomía y se ganará su lugar en el reino.

Uno de los fuertes de Groening es que a medida que pasan los episodios, el universo que creó se agranda, y los personajes secundarios cobra mayores matices, al punto que al finalizar la temporada, acaso el personaje más atractivo termina siendo Zog, y no tanto el trío protagónico.

Es imposible no ver la marca del creador. Desde el diseño de los personajes, hasta el tono irónico, el humor seco y el remate de los chistes, aún en momentos dramáticos, la presencia de Groening es indudable. Sí, hay alcohol, sexo y referencias a drogas. Nada que no hayamos visto en Los Simpson y Futurama, pero también hay otras características propias de los personajes de ambas series que están presentes en esta: la mezcla de ingenuidad e ingenio, la inteligencia de los personajes femeninos en opuesto a la brutalidad de los masculinos. No es muy dificil ver en el trío protagónico un duplicado del que conformaban Leela, Fry y Bender. Y sin embargo, con el paso de los episodios, no solamente se van ganando el cariño y empatía del espectador, sino también van forjando una identidad propia, como la que desarrolla la mismísima serie, especialmente en los últimos tres episodios.

Hay que admitirlo. No todos los capítulos tienen el mismo grado de ingenio y no todos los episodios consiguen gags efectivos. Algunos son simplemente simpáticos y dan una sensación de Deja Vú con cosas que ya vimos en los otros productos de Groening. Pero en los últimos tres episodios algo cambia.

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De repente las subtramas que parecían quedar inconclusas de los primeros dos van tomando forma y unificándose, y la serie, como los mejores productos de Netflix, empieza a generar adicción. De por sí, que un episodio sea un homenaje completo a Indiana Jones vale la pena, al menos como curiosidad. Personajes unilaterales comienzan a tener matices y volumen. Y de repente, uno se da cuenta que Groening no necesita crear anclajes con la sociedad contemporánea para crear un éxito, y quizás lo más resonante sea el hecho de que esta es la primera serie que no tiene voces de artistas famosos como invitados. Por el contrario, casi todo el elenco -salvo el trío protagónico- es el mismo de Futurama.

Al finalizar la serie quedan tantos cliffhangers que es imposible no pedirle al dibujante que haga una segunda temporada. Bean, Elfo, Luci y Zog ya forman parte de la familia. Ellos son una familia. Una que no necesita de lazos de sangre. La familia no típica vuelve a ser parte esencial del universo del autor, y esa familia también está integrada por los personajes más chicos, incluso esos bolos menores, que arbitrariamente aparecen en todas partes.

Es probable que muchos piensen que Disenchantment se nutre demasiado de Shrek – y Shrek no podría existir sin Los Simpson – pero la serie encuentra una voz propia, más acorde a la corrección política contemporánea, aunque sin pretender ser políticamente correcta. Hay guiños -muchísimos- a la serie que seguimos viendo sin parar desde 1990, pero son bastante superfluos, a comparación de la similitudes con Futurama. De esta serie saca su corazón, su esencia optimista de que otro mundo es mejor, que las familias no son las que nos vende la sociedad o nuestros propios padres. Que la verdadera familia se puede elegir.

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En Disenchantment hay héroes que no deberían serlo, y villanos impensados. Hay ironía, hay sarcasmo, hay delirio, hay doble sentido, hay crítica social, pero sobretodo hay madurez. Y no por eso se siente vieja. Todo lo contrario. Es una serie acorde a nuestros tiempos. Sí, todavía le falta un poco para convertirse en una gran serie, necesita que se la digiera y encuentre a su público, que algunos personajes levanten vuelo – Luci es un gran personaje, pero todavía no explotaron su potencial – pero aún así, hay esperanza. Estamos frente a la nueva creación de uno de los grandes genios de la animación de la historia. Un artista inconformista y arriesgado, que no se casa con el sistema ni busca la simpatía de los fans. Un artista con ideas claras y que todavía tiene mucho que decir. ¡Por Matt Groening, la causa y la solución a todos nuestro problemas!


Leé más de nuestras reseñas sobre series acá.

Escrito por Rodolfo Weisskirch

Amante del cine y las series. Pocos prejuicios. No sigo tendencias ni modas. Miro lo que me interesa y lo que me da curiosidad.

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